¿Clientes demasiado que exigen demasiado? Pueden no tener razón

Siempre hemos escuchado la frase: “El cliente siempre tiene la razón”. Como marketing y como imagen, queda muy bien frente al cliente, pero cuidado con esto porque una mentira se convierte en verdad si la repetimos muchas veces. En el siguiente artículo, ponemos a prueba la certeza de esa frase analizando el comportamiento de los clientes.

Dame más, que más me merezco

El objetivo primordial de una relación negocial como puede ser un contrato de compra venta es, desde el punto de vista del vendedor, que el comprador se quede satisfecho. Pero, en ocasiones, nos vemos en la tesitura de ceder en ciertas cosas que escapan de la equidad porque nuestro cliente exige cosas que no son justas.

No hay que darles siempre lo que quieren, hay que buscar la mejor solución para las 2 partes, siempre siendo la menos sacrificada por la empresa. En el caso de la tramitación de la garantía, siempre hay que ofrecer mandar el producto al servicio técnico y repararlo; si por esas el cliente no está de acuerdo, se aconseja estudiar el reembolso de la compra, previa recepción del producto.

Exigen soluciones que escapan de nuestra esfera

Uno de los ejemplos más claros es el de una bajada de tensión. Resulta, que un cliente ha comprado un equipo de música que funciona perfectamente, pero por culpa de una bajada de tensión, se estropea. Aquí, más que dirigirse a la tienda donde lo compró, debe dirigirse al seguro de la casa o la compañía eléctrica, reclamando los desperfectos.

En esta ocasión, no tenemos por qué darle lo que quiere al cliente, ya que es algo que no nos incumbe.

Actitud incívica y contraria a la educación

Ante ciertas cosas, nunca hay que ceder, pero, si le añadimos que la actitud que emplea el cliente para reclamar está fuera de los marcos del respeto y la educación, menos aún. Si un cliente te exige ciertas cosas de malas maneras, además de no tener razón, nunca debes darle lo que quiere, ni pensando que puede difundir cosas falsas acerca de tu negocio.

No hemos de confundir mala educación o actitud incívica con un cliente irritado y enfadado por el trato que ha recibido, al cual hay que dirigirse de forma calmada, comprensiva y respetuosa.

En definitiva, el cliente no tiene razón siempre, así que no hay que premiarle con lo que pide, si no es justo o no está expresado en las condiciones y términos de la compra.

Artículos sugeridos:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *